Relaciones tóxicas. Cómo funcionan y cómo no caer en ellas.

psicologa palma

E aquí el dilema: ¿Simetría o complementariedad?¿nos acercamos a los que se parecen a nosotros o como dice el refrán, los polos contrarios se atraen?

 

Pues más bien resulta que un poco de cada aunque de diferente manera. Mientras que en las relaciones sociales nos sentimos más cómodos relacionándonos con personas que se parecen a nosotros, que se asemejan en cualidades y virtudes, que nos hacen sentir familiares y pertenecientes al grupo, identificados y cómodos en definitiva,  cuando hablamos de relaciones personales, marcadas más por la deseabilidad, la admiración o atracción sexual, es lo discrepante lo que marca la diferencia.

 

Se puede decir que nos atrae lo que nos complementa. De esta forma el hablador disfruta con alguien que le escuche, el frágil se siente seguro con el protector que le cuida y el nervioso se relaja con el que le calma.

Las relaciones que se basan entonces en la complementariedad son más longevas y prósperas, aunque no siempre esto quiere decir que sean más saludables en todos los casos ya que este es el mismo esquema que sigue el patrón de relación de víctima-verdugo, por ejemplo, que tanto conocemos.

 

Las relaciones sentimentales se estabilizan en el tiempo porque logran encajar en la complementariedad mutua, cuando uno se siente vacío, el otro le llena y viceversa.

PSICOLOGA PALMA

Tengo que aclarar que la complementariedad no es sinónimo de ser opuestos. Los opuestos serían como dos líneas paralelas, alejadas en la distancia que jamás llegarán a tocarse. Después podríamos hablar de la simetría, es una manera de relacionarse en la cual las líneas son paralelas pero están en el mismo carril, confrontándose continuamente por el liderazgo del poder, y después estarían las relaciones complementarias, dibujadas como dos líneas que se van cruzando en diferentes puntos.

 

Según la Teoría de la Comunicación Humana de Watzlawick, las relaciones Simétricas son patológicas en el sentido en que resultan conflictivas y por lo tanto tóxicas. Las escaladas de poder que se dan en este tipo de relaciones hace que ambos miembros quieran siempre “ganar” y traten de someter al otro, entrando en una dinámica de escalada constante e interminable que genere ira y que puede llegar a convertirse en violencia irreprimible.

Por otro lado, las relaciones complementarias son aquellas que como hemos comentado antes, ocupan dos posiciones diferenciadas, un arriba y el otro abajo, uno el activo, el otro el pasivo, uno el nervioso el otro el tranquilo, uno la víctima, el otro el verdugo… Mantener siempre la misma posición de forma rígida también puede resultar tóxico, generando relaciones morbosas, puesto que al final, la falta de flexibilidad y la carencia de opciones es lo que hace embarrancar la relación y estancarla como el agua que no puede circular, y acaba por pudrirse.

 

Parece ser que tanto las relaciones simétricas como las complementarias pueden acabar convirtiéndose en tóxicas por la propia naturaleza de su rigidez y de su asfixia innata.

El equilibrio por lo tanto se logrará a través del contoneo entre simetría a veces y complementariedad otras veces. Un baile que precisará de flexibilidad y cambio de posición constante para mantener la armonía. Como el ciclista que con cada pedaleo desestabiliza la bici ladeándola hacia un lado y hacia el otro pero generando el movimiento que la mantiene derecha.

 

PSICOLOGA PALMA

Ángela Gual.

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