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¿Estamos entrando en la era del adultocentrismo? ¿Existe realmente la fobia a los niños? Lo debatimos con la Psicóloga Ángela Gual en IB3TV en el programa 5 Dies

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Parece que están en auge los negocios «Only Adults» y hay sectores de la sociedad que han puesto el grito en el cielo proclamando que se trata de un rechazo frontal hacia nuestros menores. Existen visiones que sienten cómo estos locales denigran los derechos de los niños y los excluyen de opciones que deberían tener de forma intrínseca.

Por otro lado, los estudios dedicados al recuento de estos negocios los sitúan estadísticamente entorno al 8%, lo que puede hacernos reflexionar sobre el 92% restante de negocios y locales que se comparten con todos los grupos de edad.

Como decía Platón,»Mi libertad termina donde empieza la tuya». Quiero decir con esto que estamos de acuerdo en que los niños son la cosa más maravillosa que existe y que merecen poder tener un entorno adecuado para desarrollarse y expresarse, para poder disfrutar y compartir con el adulto. Pero, ¿eso condena a todo adulto (incluido el que decide no tener hijos, con sus pros y sus contras) a vivir eternamente sin posibilidad de individualidad?.

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Reflexiono sobre todo lo que he oido en el debate y me pregunto por qué una persona adulta que necesita o simplemente desea descansar no debiera o pudiera concedérselo. Quiero decir, como comento en la entrevista, nuestros preciosos niños tienen, por su naturaleza, por su necesidad de desarrollo físico, emotivo y psicológico, por su hambre insaciable de investigar, conocer y socializar, unas características, maneras de hacer y conductas muy características, que comprenden la necesidad de movimiento, de hablar, de gritar, de preguntar, de correr, de reaccionar ante el medio, de combatir y eso es muy legítimo y es perfecto, siempre y cuando no genere un perjuicio a otros, que no tienen las mismas necesidades. Porque todos deberíamos ser libres y no solo los niños.

La clave pienso que está en que existen multidud de contextos y que no todos son adecuados para todos, hay que ser conscientes de esto. No meteríamos a un congresista en pleno debate en un Chiquipark de la misma manera que no se divertiría un niño en una reunión de vecinos.
El problema no son los niños, sino que existen contextos adecuados para ciertas prácticas y no contextos para todo en todo momento. Es algo que se debería respetar porque EL RESPETO es un valor máximo que debemos cuidar y mantener. Si queremos respetar a nuestros niños, también debemos respetar a nuestros adultos, sus deseos y necesidades, sus inquietudes y sus elecciones, de la misma manera que queremos hacerlo con los pequeños de la casa.

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También existe el problema del modelo hiperprotector, laxo, democrático y permisivo en exceso que occidente ha asumido en los últimos 30 años. Éste refleja una importante limitación de los progenitores a la hora de poner límites a sus hijos y enseñarles a comportarse adecuadamente en contextos en donde, por su naturaleza, pueden ser difíciles de gestionar para un niño. Sin esa contención, sea por incapacidad de hacerse valer jerárquicamente o por tener valores relacionados con la permisión de que los niños debatan, negocien y decidan lo que quieren y desean sin límites, la Sociedad está creando nuevas generaciones de personalidades débiles y frágiles, que se sienten incapaces y que se sienten frustrados ante cualquier obstáculo que la vida pueda ponerles delante.

Que los niños no puedan entrar en el 8% de los Negocios dirigidos a adultos no debería ser vivido por ellos como una limitación, como una privación de derechos o como un trauma denigrante sino como una oportunidad de frustrarse y de aprender que no se puede hacer siempre todo lo que uno quiere y que hay que respetar las necesidades de los demás, aunque eso no nos haga sentir dueños omnipotentes de toda decisión.

De la misma manera que no dejarías conducir a un niño de 3 años, o no se permite acceder por ley a un menor de edad en una discoteca donde se dispensa alcohol, que un adulto se hospede en un hotel donde le garanticen al 100% que no habrá niños gritando o corriendo por los espacios comunes, debería ser un derecho personal y legítimo y no un abuso al infante.
Es cierto y hay que decir que niño no es sinónimo necesario de gritar o correr, y que ya se da por sentado que una cosa implica la otra, especialmente en los últimos años en donde valores como el respeto por los adultos y la educación han evolucionado hacia un futuro diverso al que conocíamos antaño. Es un prejuicio que quizás limita a los niños que pueden expresar mas roles y no solo el puramente infantil. Son limitaciones del Sistema que deben buscar la manera de ser resueltos de la mejor forma para todos.

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Ángela Gual