Los diferentes comportamientos emocionales al COVID

 

psicologa palma

La Pandemia del Coronavirus y el efecto global de la situación que estamos viviendo a suscitado en nosotros diversidad de reacciones en función de nuestra personalidad:

 

El Hipocondriaco: Está aterrorizado con la idea de estar ya enfermo sin saberlo o de llegar a contagiarse. Se mide la temperatura de forma rutinaria, se palpa los ganglios, se observa la garganta y al mínimo estornudo, la ansiedad, como un torbellino veloz,  lo envuelve hasta casi asfixiarlo. Por supuesto, tose una vez y ya está en el médico, para que le confirme que todo anda bien, aunque no puede evitar pedirle una PCR, aunque tenga que pagarla.

Toma todas las precauciones posibles y las imposibles también. Las que indica Sanidad y las que le cuentan sus vecinos, revistas y demás fuentes “científicas”, aunque finalmente llega a la conclusión de que, en casa, como en ningún sitio.

Investiga por la red incansable en la búsqueda de mejores instrumentos de seguridad, y lejos de tranquilizarle, cuantas más herramientas tiene a su disposición (y usa, claro) más inseguro se encuentra. Cuanto más evita salir a la calle, más miedo tiene de trasgredir la puerta de casa. Habla con todo el mundo sobre sus miedos al contagio. Es un monotema que busca desesperadamente el desahogo, que pasa de la madre al amigo, a la novia, al padre, al otro amigo, al hermano y otra vez a la novia, que trata de huir de forma disimulada. Curiosamente se preocupa más y más, lo tiene todo el día en la cabeza y la ansiedad que le produce se convierte en pánico.

 

El miedo a sufrir ya es sufrir”. Hemos de tener en cuenta una cosa y es que un cuerpo sometido a grandes cantidades de estrés sufre profundamente, sobre todo en cuanto a su sistema inmunológico, lo que significa que cuando pasamos según qué umbral de miedo, de ansiedad, empezamos a aumentar considerablemente el riesgo a infectarnos ya que nuestro sistema inmune se comienza a debilitar notoriamente. ¿Conclusión? Menos miedo, más inmunología para no enfermar.

 

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El Obsesivo del Control: Necesita conocer de antemano todos los detalles de los movimientos que realizará a lo largo del día, por lo que los planifica minuciosamente y al detalle. Elabora planes de acción y de reacción, de evasión y de rectificación en caso de que algo salga de sus supuestos iniciales, tanto en el área laboral como en el escolar y familiar, incluso existen planes para las situaciones más improbables. Crea estrictas reglas de convivencia entre los componentes de su núcleo familiar y los hace seguir al dedillo.

El control es necesario para evitar los riesgos, estamos de acuerdo, sin embargo, un fármaco, cuando se administra en exceso, se convierte en veneno. También la tendencia al control, positiva en una dosificación justa, se convierte en un comportamiento patológico y disfuncional cuando se lleva al extremo.

Detrás de esta rigidez excesiva por el control se encuentra el miedo a lo desconocido. Hay que tener en cuenta que el exceso de control, paradójicamente, nos llevará con toda seguridad a una pérdida de control, dado que el sistema se saturará y se romperá bloqueando los recursos del controlador.

Es por eso que en estas situaciones en las que no podemos evitar controlar tenemos que preguntarnos ¿preferimos aflojar un poquito para poder controlar mucho o preferimos controlar totalmente hasta que se colapse el sistema (que se colapsará con toda seguridad)  y perdamos totalmente el control?.

 

El cazador de culpables: Hay personas que para atenuar su miedo a lo desconocido, buscan darle un significado a través de catalogar al culpable de la infección. Este hecho genera reacciones de intolerancia o xenofobia en la búsqueda de un chivo expiatorio que nos de seguridad al defendernos y aislarnos de él. Así hay personas que tienen miedo a los extranjeros, a conocidos o incluso a amigos, por lo que se aíslan de ellos.

Si bien es cierto que mantener la distancia de seguridad es una norma básica de evitación de propagación e infección del virus, ir a la caza de los culpables genera sentimientos de rabia e ira que nos pueden llevar a reacciones violentas o desproporcionadas, que solo incrementarán nuestro malestar emocional.

El primer antídoto contra la intolerancia es la información veraz, el conocimiento. Nos ayudará a reducir los prejuicios y la desconfianza hacia determinados grupos minoritarios que nos generan miedo o la idea de mayor riesgo a contagiarnos.

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Conspiranoico: Estas personas muchas veces se sientes ya de base poco atendidas por la Sociedad o por las Instituciones. Muy moralistas y con una baja autoestima, inevitablemente al sentirse desatendidos, tienen poca fe en las mismas y se han aislado para defenderse de ellas.  No les es difícil crear un complot en donde El Estado, la Sociedad o el Sistema son los responsables de la Pandemia. La rabia crece en ellos y buscan aliados, sobre todo a través de las redes, para sentirse apoyados y para subir su autoestima ya que tienen una “verdad” alternativa a la de la mayoría, que los pobres ilusos desconocen.

Cualquiera que reniegue de su contenido complotista se convertirá en enemigo, por lo que la mejor manera de ayudar a estas personas es aceptando su visión de la realidad, para convertirte en un colaborador que va aportando, añadiendo nuevos puntos de vista que no chocan con el suyo pero lo complementan. Así podemos virar su posicionamiento de Odio a la Sociedad, por ejemplo, hacia, la ayuda y protección de los más débiles (ayuda a la Sociedad).

 

Los irresponsables: Trasgreden eventual o frecuentemente las normas de seguridad poniéndose en peligro a ellos y al resto de la comunidad. Es típico en jóvenes por las necesidades específicas de relación con el grupo de iguales aunque no siempre es así. Lo hacen por la búsqueda de placer, es decir, que anteponen sus necesidades a las de la Sociedad en estos momentos de riesgo vírico. Quedar con los amigos, relaciones esporádicas sexuales, necesidad de relacionarse socialmente y conocer gente… El problema en este caso es que pocos comportamientos de este tipo nos pueden llevar a consecuencias globales muy importantes debido a alto nivel de contagiosidad del COVID.

De nada valen para ellos las explicaciones racionales y de sentido común ya que su necesidad de placer y su individualismo les vencen. Sin embargo es interesante hacerles ver que por la autoconcesión de un pequeño placer hoy, es posible que las consecuencias sean un aumento importante de los contagios y por lo tanto, una restricciones por parte del Gobierno mayores o incluso muy fuertes, por lo que no podrán concederse placer en el futuro. En cambio, una dosificación segura ahora asegurará que puedan seguir suministrándose placer en el futuro. Ser inteligente hoy para no quedarse colgado mañana, solo y aislado.

 

 

 

Ángela Gual

 

 

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