¿Es perjudicial la falta de sueño en los niños?

¿Cuánto necesitan dormir los pequeños? La respuesta no puede ser más clara: lo que necesiten para levantarse descansados. La falta de sueños en los niños puede suponer un grave problema para su correcto desarrollo físico, emocional e intelectual. Los peligros son evidentes. Por eso, hay que ser precavido e incidir mucho en este aspecto.

El sueño juega un papel fundamental en el desarrollo de los más pequeños, desde los bebés hasta los adolescentes. No en vano, interviene de manera decisiva en la recuperación física y psicológica, así como en el afianzamiento de los conocimientos adquiridos a lo largo del día y el desarrollo de la memoria a corto y largo plazo.

Así, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los menores de tres meses deben dormir entre 14 y 17 horas, mientras que hasta el año se ha de dormir entre 12 y 16 horas diarios. Hasta los dos años de edad, de 11 a 14 y empezando a establecer horarios para despertarse y dormir. A partir de esa edad, y hasta los cinco años, se recomiendan de 10 a 13 horas de forma regular, mientras que a partir de los seis años habrá que llegar a las 12 y en la adolescencia de 8 a 10 horas.

Estos son los datos, pero lo preocupante es que, según la OMS, el 40% de los menores no cumplen las horas recomendadas. Pero, ¿qué efectos tiene la falta de sueño en los niños?

En primer lugar, cuando no duermen lo que les corresponde, se ven muy afectados a nivel físico, emocional e intelectual. Los adultos tienen capacidad para cambiar los horarios. En cambio, los niños sufrirán problemas de tensión, de memoria, de irritabilidad, cansancio o hiperactividad, no se concentran y pueden generar más ansiedad… También les afecta a los niveles hipoglucémicos, por lo que comen más bollería, más azúcar… Puede suponer un foco de riesgo de diabetes.

Además, la falta de sueño en los niños provoca que, al despertarse, estén más irritables, lo que provoca una situación problemática en casa y también en las aulas. Habrá falta de atención. O están cansados y adormilados o hiperactivos y con poca capacidad para escuchar. La falta de descanso les genera ansiedad y se nota muchísimo a la hora de aprender muchas cosas en la escuela.

Que los niños duerman sus horas y tengan sus horarios, permite también a los progenitores disfrutar de algo de tranquilidad, de vida en pareja, en común y poder hacer otras cosas. Cuando los niños descansan, los padres descansan.

Falta de sueño en los niños

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