Esta noche hablamos con la psicóloga Ángela Gual del Asesino del Parque Caiza en el programa de la Cope “La Noche” con Ricardo Arjona.

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Una vez más, podemos describir a Giomar Cartagena como un psicópata antisocial que necesita pasar los límites legales y morales  para sentirse realizado consigo mismo.  

En este caso, el asesino es novel. Con esto quiero decir que es la primera vez que mata y relativamente surge de forma espontánea. No existe previamente en sus planes y este dato es bastante importante, porque no todos los psicópatas son asesinos natos.

La psicopatía se caracteriza por un desarrollo cerebral anormal que se manifiesta con la falta de emotividad hacia otras personas, lo cual dificulta mucho la convivencia y la paz social, ya que estas personas pueden decidir cometer actos legal o éticamente no correctos, con tal de satisfacer sus caprichos y necesidades. Siempre por encima de las necesidades y derechos de los demás, lo que supone una violación de la coexistencia y una falta de tolerancia significativa hacia los demás. 

Eso no significa que asesinen a todo el que se interponga entre sus intereses y ellos, les tiene que compensar. 

Existe un contínuum 0-100 entre una persona muy empática y una nada empática. El psicópata empieza a florecer a  partir de una falta de empatía importante, por ejemplo, para que nos entendamos, rondando el 80%, y de ahí en adelante, contra más puntuación tenga, por así decirlo, menos capacidad de sentir las emociones de los demás, y por lo tanto, más peligrosos, en cuanto a su falta de necesidad de control de sus impulsos primarios. 

Esta explicación la doy porque es muy importante diferenciar entre un psicópata que sabe controlarse a otro que no le interesa controlarse. Entre uno con cierta sensibilidad y otro con ninguna. No todos son iguales, ni todos toman las mismas decisiones, ya que de cualquier manera, ellos son perfectamente responsables de sus actos, es decir, son seres inteligentes que saben que a pesar de no sentir remordimientos ni culpa, son conscientes de que hacen cosas mal hechas y de que lastiman a los demás. Lo que pasa es que el balance de satisfacción entre lastimar a los demás y cubrir sus diferentes necesidades puede ser diferente al de las personas, por así decirlo, sensibles.

Está claro que estamos hablando de una persona con niveles bajísimos de empatía y de sensibilidad hacia otras personas, cuando él, despechado por el abandono de su novia, decide robarle y fingir un secuestro. Además, la engaña, diciéndole que deben quedar porque se muere y se va a España. Estos datos nos muestran un carácter frío y calculador, meticuloso y interesado, manipulador, en cualquier caso. Pero también vemos que los asesinatos, en este primer caso,  son fruto de una improvisación. No estaba planificado. 

Eso no le impide a Giomar pegarle un tiro a la madre, a los ojos de la hija, y después pegarle fuego, y lo que es peor, pegarle unos cuantos tiros a la exnovia, y sin llegar a matarla, pegarle fuego hasta oírla consumirse entre gritos de dolor y pánico. 

Seguramente en ese momento se abre para Giomar una nueva puerta al placer sádico, que asta ahora, había decidido mantener cerrada. 

Como he dicho antes, todos somos responsables de nuestros actos, y una bestia así solo se merece estar entre rejas. 

 

Ángela Gual