El Síndrome de Wendy, o estar disponible a toda costa (incluso a mi costa)

 

Como Wendy, la protagonista femenina del cuento de Peter Pan, estas mujeres tienen un fortísimo sentido de la responsabilidad que las empuja a satisfacer las necesidades de los demás por el mero hecho de poder hacerlo. Poder es deber, es responsabilidad.

Estas mujeres acaban construyéndose la creencia de que para ser objeto de atención o incluso para merecer el afecto o el amor de los otros, es necesario dar de manera incondicional. También acaban creyendo que si no lo dan todo, los demás no las valorarán o las abandonarán perdiendo así a sus seres amados.

De hecho, cuando estas chicas viven una ruptura sentimental, un fuerte sentimiento de culpa las invade profundamente y comienzan a obsesionarse con la idea de no haber hecho lo suficiente y por lo tanto, de haber provocado el fracaso de la relación.

Así estas mujeres son víctimas y artífices de sus propias desgracias ya que paradójicamente, contra más disponibles están, contra más dan de forma altruista y desinteresada, contra más toleran los comportamientos inadecuados de los demás para no incomodar al otro y por ser complacientes, más crece en los demás la sensación de que ella no se respeta a si misma y como si de un espejo se tratara, los otros aprenden en qué consideración tenerlas.

Si yo no me quiero transmito un mensaje de que no soy valiosa y los demás así lo creen. Es lo que se conoce como una profecía que se autocumple. Contra más buena cara pongo en situaciones que en realidad me enfadan, es decir, contra más me trago mi orgullo y mi dignidad para no generar conflictos, y agradar a los demás,  menos fiable soy de cara al público porque si yo no me valoro lo suficiente como para elegirme a mi por encima del otro pese a su rechazo, los demás tampoco lo harán, restándome valor y haciéndome de menos (que es justo lo que les hemos enseñado a hacer con nuestra actitud y nuestro modelo). Como decía Nietzsche, «Con las mejores intenciones se empedra el camino al infierno».

Es lo que llamamos un efecto boomerang, querer agradar tanto a los demás que todo lo que hago para lograrlo me lleva en la dirección opuesta hasta que no intereso a nadie.

Unos pequeños consejos que podemos poner en práctica para cambiar las tornas de Wendy son:

-Coger consciencia de cómo dar demasiado tiene efectos negativos y contraproducentes en las relaciones sociales y en el amor. Si la relación no se basa en cierta equidad en el dar y en el recibir, se convierte en una relación asimétrica en la cual uno de los dos siempre tendrá mayor poder sobre el otro.

-Aprender a decir NO para darse valor y ser apreciado. Decir siempre Si es condenarse. Todo lo absoluto pertenece a la patología.

-Empezar a expresar en pequeñas dosis la ira contenida. La explosión es devastadora, la canalización, virtuosa.

-Generar pequeños momentos de sano egoísmo concediéndonos pellizcos de placer diarios, necesarios y merecidos.

Ángela Gual.

 

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