El Sentimiento de Culpa. Ese fastidioso incómodo y molesto bichito que nos perturba.

 

psicologa plama

LA CULPA. Es como el guisante en el colchón de la princesa, para quien se haya leído la fábula. Un granito incómodo, molesto, el cual no puedes dejar atrás, siempre está ahí, en tu mente, de fondo, perturbándote y haciéndote sentir mal, inadecuado, en definitiva, culpable.

 

El sentimiento de culpa en realidad, tiene una función adaptativa, aunque pueda parecer tan fastidiosa y antinatural. Si no existiera, sería como si no hubiera moral, habría barra libre de conductas inapropiadas, improcedentes o abusivas para los demás. La culpa es el freno de mano que nos dice “ me gustaría pero… mejor no, esto no está bien”, o cuando no hemos tenido control nos dice “Ahora siéntete mal y aprende para la próxima…”.

 

Así mismo la culpa es todo un mundo y existen varios tipos. Por ejemplo no son lo mismo los remordimientos que el arrepentimiento; Los primeros responden a algo que hemos hecho (o no hemos hecho y debíamos hacer) y ha acarreado consecuencias negativas o daños para los demás o para nosotros, quizás ha trasgredido normas sociales importantes para nosotros o en definitiva ha lastimado algún constructo de nuestros valores. En cambio el arrepentimiento es la culpa por un objetivo incompleto, no alcanzado, una satisfacción no lograda o una experiencia no vivida plenamente. Es decir, la idea de que si hubiera tomado una elección diferente, mi vida hoy sería mejor. Debería haber tenido un hijo en aquel momento, haber estudiado aquella carrera, haber cogido aquel trabajo, haberme casado con aquel hombre… En definitiva, haber tomado una elección incorrecta o haberla omitido. Responde a la pérdida de “lo que pudo haber sido pero por nuestra culpa no fue”.

psicologa mallorca

Sea a través de los remordimientos o del arrepentimiento, el sentimiento de culpa es proporcional a la imagen de Sísifo, el Dios que, castigado por el gran Zeus, tenía que arrastrar un gran pedrusco montaña arriba, de forma ininterrumpida para, una vez arriba, ver como lo dejaba caer hasta el origen y volver a empezar con su arrastre. Así hasta el final de la eternidad. Así es la culpa. Útil en su sentido, inútil en su proceso.

 

Esta clasificación de las culpas nos ayuda a procesarlas ya que su superación pasa por caminos diversos.

 

Ambos tienen como sensación base el dolor. Sin embargo, los remordimientos enmascaran el dolor ligado a las elecciones que ya no se pueden cambiar, con una fuerte rabia hacia uno mismo, hacia los demás o hacia el mundo, que frustra cualquier intento de hacer defluir este dolor. Por lo que cualquier intento será en vano.

Es por ello que en estos casos, trabajar con la canalización de la ira será primordial y electivo antes de comenzar a permitir que el dolor pueda ser atravesado.

 

Por otro lado, el arrepentimiento se vive como un auténtico luto y por lo tanto la intervención que realizaremos al respecto será totalmente diferente, mas orientada a ayudar a la persona a absolverse de la “falta” de pasado. Aliviar a los que como dice Pessoa “Cargan con las heridas de las batallas evitadas”.

 

En cualquier caso, la gestión de la culpa puede ser y es en algunas ocasiones una tarea ardua que precisa de la ayuda de un psicologo especializado que guie los pasos y supervise la correcta evolución del proceso. Si el proceso de recuperación se cronifica sabes que es el momento de pedir ayuda a un especialista.

 

 

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Ángela Gual.

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