Diferencias entre el Erotismo y la Parafilia. Nuestros deseos más oscuros.

 

Me excitan los zapatos de tacón en una mujer desnuda, la lencería de encaje, las cuerdas alrededor de las muñecas y por qué no… alrededor del cuello…  ¿estoy enfermo?

 

 

Todos hemos oído hablar de las parafilias. Comportamientos oscuros y cuestionables que podrían denotan cierto desequilibrio psicológico y emocional, pero , qué son exactamente y lo que es más importante, ¿dónde está la línea que separa el fetichismo o el erotismo de la parafilia?

 

Un fetiche consiste en una práctica erótica que condimenta las relaciones sexuales, es decir, actitudes, abalorios o utensilios que sumergen a los implicados en un escenario que multiplica su estimulación sensorial y activa los centros del placer cortical.

 

Seguro que muchos estáis pensando en la multitud de “herramientas”sexuales que últimamente se están poniendo tan de moda y todo lo que podríais hacer con ellas; esposas, látigos, cuerdas, palas, dildos…

Existen aparejos más perversos que otros pero la pregunta sigue siendo la misma, ¿donde acaba el erotismo y donde empieza la parafilia? ¿Es más “sano” usar un lazo que una cadena? ¿Hay diferencias entre el que usa un pene de goma al que usa un mazo de púas?

 

La verdad es que para gustos existen los colores y mientras se cumplan ciertos requisitos, podemos decir que estamos tan sanos como una lechuga.

Se deben cumplir al menos 3 condiciones básicas para no considerar un comportamiento sexual extravagante como una alteración psicológica:

 

La primera condición implica que disfrutemos de los fetiches pero que no sean la única y exclusiva fuente posible de consecución de placer sexual, es decir, que no sean elementos indispensables de forma permanente en nuestras prácticas para poder realizarnos sexualmente.

 

El segundo condicionante se explicita en que no se causen daños morales, físicos psicológicos, económicos… más allá de lo permitido por los participantes de forma pactada y explícita.  Se torna patología cuando los sujetos, de forma objetiva, se ven afectados nocivamente. Por ejemplo; un sádico es inofensivo siempre y cuando su pareja,  participe de forma voluntaria y con las medidas de seguridad pertinentes. Se torna parafílico y peligroso cuando estas personas pierden el control y actúan guiadas exclusivamente por sus impulsos, sin mediación de la racionalidad.

 

Por último, la tercera condición queda sujeta a la percepción consciente y voluntaria así como consensuada de la realización de los actos sexuales. Esto es imposible en algunas parafilias claramente transgresoras donde el placer del parafílico no está condicionada a dar su aprobación y la relación sexual puede causar daños. Es el caso del frouterismo, la pedofilia o la zoofilia.

 

 

La conclusión de todo esto es que no toda práctica erótica alejada de la convención social tradicional es una parafilia sino que se vuelve patología cuando deja de ser saludable y controlada para convertirse en enfermiza y destructiva.

 

Existen muchas maneras de disfrutar con el sexo y existe una etiqueta para cada extgravagancia en estor términos. Hay tantas que se catalogan por centenares.

De las más conocidas nos encontramos con el sadismo, el masoquismo, el exhibicionismo, el voyeurismo o el  fetichismo.

 

Al final, lo importante es cumplir, no con las expectativas que la sociedad engloba como “normales” sino con las propias, siempre desde el respeto y la complicidad de nuestros compañeros de juegos, para lograr así unas experiencias únicas y  suntuosamente placenteras.

 

Ángela Gual

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