Bullying, una lacra social

Se trata de un tema de enorme relevancia social. El bullying o acoso escolar es un problema que crea daños psicológicos incalculables. Por ello, debe ser tomado con la consideración que se merece, trabajando para erradicar esta lacra de nuestras escuelas.

El acoso escolar ha pasado de ser un gran desconocido que se sufría en silencio hace unos años, a convertirse en uno de los temas que más preocupan a padres y educadores, pero también, por qué no decirlo, a gran parte de los alumnos. En los últimos tiempos, es raro encontrarse un centro escolar que no haya puesto en marcha protocolos de detección de casos en sus aulas, además de ofrecer formación al profesorado.

¿Por qué aparece el bullying en las aulas?

La aparición del bullying es multifactorial, se debe a muchas variables. Desde el punto de vista psicológico, es innegable que los estilos educativos laxos son uno de los motivos para la expansión de este fenómeno, aunque no el único. De esta manera, se están creando niños más egoístas, menos empáticos, con una alarmante falta de colaboración con el resto de compañeros.

Esto provoca un aumento en la sensación de poder del propio niño, volviéndose más agresivo y con menos capacidad para tolerar la frustración, ya que en casa no están acostumbrados a recibir un no por respuesta. Este conjunto de sensaciones provoca la aparición de estas interacciones de dominación con otros niños o alumnos, principalmente con los más débiles.

Bullying, una lacra social¿Cómo afecta el silencio en el bullying?

Afecta mucho. De hecho, ayuda a ahondar en las consecuencias negativas que el acoso escolar puede tener sobre una persona. En primer lugar, el afectado guarda silencio para no provocar que el problema se vuelva más grande, así como las consecuencias de cara al resto. También para que los padres no se enteren y se forme más jaleo alrededor del asunto.

Los jóvenes que padecen bullying se retraen y acaban teniendo problemas de socialización, de fobia social y, además, sintomatología psicológica como ansiedad, estrés postraumático, depresión y, en casos en los que no se encuentra una solución a esta historia, se terminan suicidando.

¿Cómo se detecta y qué hacer al respecto?

Como hemos comentado, existe gran alarma social entorno a este fenómeno tan expandido en nuestros días. Las víctimas no quieren denunciar, aunque todos los que estamos al rededor, si podemos percibir su dolor, su aislamiento, su inseguridad creciente por días. Quizás dar la voz de alarma a los tutores o profesores puede ser un primer paso para poder poner control y freno a los abusadores por parte de las autoridades, muy especialmente si se da en contextos educativos.

Por otro lado, como manada social, un grupo siempre está más protegido que un sujeto individual, por ello, acompañar al niño/a acosado, incluirlo en los juegos y en el equipo de iguales ayudará a disuadir al acosador.

Finalmente, si el niño ninguneado se siente débil, nada mejor que apoyarlo e incentivarlo para pedir ayuda, para tener nuevas iniciativas y para cambiar su comportamiento con respecto al acosador, para efectivamente obtener una respuesta alternativa al infierno vivido.

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