Alcohol y adolescentes: ¿Demasiada permisividad?

Nuestra sociedad tiene que hacer frente a muchos problemas en la actualidad. Uno de ellos, la relación cada vez más evidente entre alcohol y adolescentes. ¿Existe demasiada transigencia con este grave inconveniente? ¿Somos conscientes de la gravedad de este asunto? ¿Cómo debe ser la respuesta de los padres?

En este sentido, y como no podía ser de otra manera, son los padres los que deben enseñar los riesgos y peligros que conlleva la ingesta de alcohol. Siempre desde una posición de responsabilidad y evitando caer en la sobreprotección de los menores.

Si la relación entre alcohol y adolescentes es cada vez mayor es, en parte, por una falta de control y de límites en los modelos educativos actuales en España, que pecan por ser demasiado permisivos y laxos. Este hecho provoca la aparición de problemas como este.

Hay que tener muy presente que los adolescentes no disponen en la mayoría de los caos de mesura, de capacidad o conciencia para percibir la responsabilidad de sus actos. Por lo tanto, consumir habitualmente alcohol no será un problema para ellos, puesto que las consecuencias pueden no ser visibles en el corto plazo.

¿Cómo deben actuar los padres con sus hijos?

Ante la disyuntiva de tener que afrontar un problema de alcohol con nuestro hijo o hija, los padres han de saber que la posición más adecuada será la de establecer límites. Los niños no necesitan un padre-amigo, sino que necesitan un progenitor que les haga responsabilizarse de sus actos y que les permitan aprender de ellos.

Es bastante habitual que los padres cometan el error, con sus mejores intenciones, de sobreproteger a los niños. Con ello, solo se conseguirá evitar su crecimiento y evolución. En resumidas cuentas, su maduración. Que los adolescentes crezcan sin conocer las consecuencias de sus actos puede convertirse en algo muy peligroso.

Esto no implica, sin embargo, llevar la prohibición al extremo. Los padres no pueden controlar que los niños prueben el alcohol, pero sí pueden enseñarles a que sean responsables de sus actos. Si siempre les protegen y cuidan, no aprenderán.

Además, están totalmente desaconsejados los castigos y riñas, ya que no solucionarán nada. La respuesta de los padres, como siempre, ha de ser mesurada y controlada, estableciendo límites que cumplir.