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¿A partir de qué edad se puede considerar a una persona mayor? Lo debatimos en el programa «5 Díes» de IB3 TV con la Psicóloga Ángela Gual.

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Para ver la entrevista completa pincha AQUÍ.

 

Ser «mayor» ¿es una cuestión de edad o de actitud? ¿Lo llevamos en los genes o existen otros matices que determinan nuestro estpítiu? Estas y otras preguntas tratamos de resolver en el programa de hoy de la mano de la Psicóloga Ángela Gual. 

Tenemos una edad cronológica, es cierto, sin embargo, también es cierto que esa fecha de nacimiento no determina nuestras actitudes ni comportamientos ante la vida, no más de lo que queramos dejarnos llevar por lo que “se supone” que debemos hacer a nuestra edad.

Es decir, que al final, el “qué debería hacer o cómo debería comportarme” en relación a la edad que tengo, es un mero concepto cultural, de corte social, que además se modifica a medida que vamos atravesando las diferentes zonas geográficas, países y culturas, por lo que no es un fenómeno universal sino subjetivo e  humano.

 

Por lo tanto, no hacen lo mismo los treintañeros de Europa (post-adolescentes prácticamente) que los de La Amazonia (ya no padres de familia sino abuelos en la familia).  Tampoco se espera el mismo comportamiento de los niños que viven en el áfrica más pobre (trabajadores y colaboradores activos en la economía familiar) que de los chicos estadounidenses (estudiantes, o eso se pretende de ellos).

 

Así que parece que la edad se relega a un concepto más cultural y social que genético, ya que es el cerebro el que dictamina las actitudes y sentimientos que se fomentan en cada momento, él las elige y no nuestra fecha de nacimiento.

 

Podemos pararnos a pensar cómo puede influir en nuestro estado general el vestir con ropas de persona mayor, aburridas, recias, estériles. tener actitudes de ancianos, comportarnos como ellos, realizar la actividad física de un octogenario, sus actividades sociales típicas y replicar sus hábitos alimentarios.  No es difícil imaginar lo rápido que duplicando todos sus estilos podemos llegar a convertirnos y a sentirnos uno de ellos más.

San Agustín decía: “Rezad, y la fe no tardará en llegar”.

Resulta que multitud de estudios científicos de vanguardia han demostrado que cuando repetimos las mismas cosas durante un tiempo, empezamos a encontrar placer en ellas, a reconocerlas como familiares, a hacérnoslas nuestras y finalmente a creerlas como reales.

Es por esto que “ El hábito hace al monje”.

Si nos comportamos como jóvenes, hacemos lo que ellos hacen, nos nutrimos con sus juegos, sus diversiones, sus sensaciones… y bailamos a su son, nos sentiremos como ellos, y nuestras hormonas segregarán todo un mundo de emociones correlacionadas con dichos estados de euforia, solo parangonables a la juventud, independientemente de la edad genética que tengamos.

 

 

“Si los jóvenes supieran con qué sutileza nos dominan los hábitos, pondrían mucha más atención en su adquisición”.  William James.

 

 

Ángela Gual.

 

 

 

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