Participación de la psicóloga Ángela Gual en “La Noche” de la COPE. Los expedientes de los condenados a prisión permanente revisable en España.

https://www.cope.es/programas/la-noche/audios/noche-con-adolfo-arjona-0300-0400-lunes-noviembre-2018-20181126_583967

Existen importantes divergencias en cuanto a la categorización psiquiátrica de Daniel Montaño por parte de los profesionales de la salud que intervinieron como peritos en el enjuiciamiento del mismo. Este hecho no ayuda nada a la hora de definir las posibles responsabilidades del sujeto ni a discernir lo que le pasaba por su mente en el momento del crimen.

 Estas diferencias tan polarizadas suponen una cara y su cruz a la hora de evaluar su perfil psicológico ya que nada tiene que ver un individuo sujeto a un capricho psicopático, egoísta y despreciable con la intención de lastimar a alguien que te rechaza (a costa de la muerte intencional de un hijo) con el perfil del que se ve afectado por un brote psicótico, totalmente desconectado de la realidad y con una objetividad plenamente sesgada y difuminada.  

Por un lado y viendo todo el cuadro psicodélico de delirios y fantasías que supuestamente manifiesta el sujeto, su visión de “la semilla del mal” o la necesidad de erradicar del mundo la maldad, identificándose  como “Angel redentor” explicitan una disociación de la mente del sujeto, una irrupción de los núcleos cognitivos que conectan las percepciones sensoriales con los centros de interpretación racional. Esas relaciones no pueden darse en un cerebro sano y por lo tanto, estaríamos hablando de enfermedad mental, bien de tipo esquizoide o bien de brote psicótico. 

En cualquier caso, aislamiento perceptivo y desconexión de la realidad como el resto la conocemos y por lo tanto, se pondría  en tela de juicio responsabilidad del sujeto por una expresa dificultad en diferenciar entre el bien y el mal. 

En este caso, encajarían muchos de los testimonios emitidos, como el de una expareja y de los padres, que en Diciembre de 2015, aseguran que Daniel les habló de “fuerzas oscuras que querían destruir el planeta y de que él era un especie de salvador de la humanidad”  o por ejemplo cuando otra expareja de Daniel narra como éste, cinco meses antes del incidente mortal,  tras consumir alcohol y marihuana, “se volvió loco, arrastrándose por el suelo, gritando y haciendo el gesto como si quisiera sacarse algo de la boca… como si se hubiera mentido el diablo en el cuerpo…”

Otro gallo cantaría si se tratara de una mente calculadora y fría que estuviera haciendo un teatrillo profundamente estudiado y premeditado. Un discurso artificioso y discurrido con el único fin de atenuar sus culpas, sus responsabilidades legales, en la búsqueda de ese diagnóstico de patología mental, que le eximiera de sus competencias y obligaciones legales tras el asesinato de un bebe y el intento de homicidio de su madre. 

En este caso, y como finalmente parecen declinarse los profesionales psiquiátricos, el asesino confeso solo ha urdido un vil plan para sacudirse las obligaciones legales y de paso morales que se le imputan, no logrando finalmente zafarse de ellos. 

Cabe decir que la presión social del pueblo y la difusión masiva a través de los medios de comunicación en casos como este, que tocan la fibra de forma tan sensible, crean generadores de opinión social muy marcados, que ejercen un extra importante en la influencia a la que estos casos son sometidos. Esto lo comento porque al haber una divergencia de opiniones psiquiátricas tan importante, el peso que la Sociedad ejerce tiene un valor añadido. 

Ángela Gual