Participación de la psicóloga Ángela Gual en “La Noche” de la COPE. En este caso abrimos el expediente de John Allen y Lee Boyd, que mataron a 19 personas.

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En El programa de Radio “La Noche” de la COPE, con Ricardo Arjona, esta semana damos luz sobre el expediente de John Allen y Lee Boyd. Los llamados francotiradores de Washington que mataron al menos a 10 personas, con un rifle de asalto, solo para crear caos y confusión en un país del cual se sintieron traicionados. Podéis ver el análisis del perfil psicológico a partir del minuto 35.

Tenemos a dos personajes que aunque han sido cómplices de los mismos asesinatos, parecen tener estructuras mentales y emocionales diferentes. 

Por un lado vemos a John Allen; exmilitar, con vivencias de guerra seguramente muy traumáticas, con dos divorcios conflictivos y con un cambio de religión que parece marcar su porvenir radicalizado. 

Y por el otro lado tenemos a Lee Boyld, un chaval menor de edad, con una infancia dura, que se encuentra en un albergue con un supuesto salvador que le saca de la indigencia y le da, al menos en apariencia,  protección y cobijo.

En todos estos asesinatos, claramente el experto parece John, que es el que sabe manejar el fusil, el que busca su primera víctima, o el que parece sentir ese odio profundo al país por el que una vez luchó. Está claro que inicialmente era un hombre muy patriótico, hasta el punto de que se alistó en la guardia nacional. Es muy curioso este cambio tan radical de prisma, que podría estar justificado por su experiencia en Irak o por sus nuevas convicciones religiosas. En cualquier caso, experiencias emocionales que cambian su manera de percibir la realidad. 

Centrándonos en las conductas asesinas, podemos ver que es metódico y que no quiere ver sufrir a sus víctimas, ya que son tiros limpios y precisos, a cierta distancia. Éstas son escogidas al azar, lo que refleja que no pretende hacer un daño concreto sino que busca generar  pánico y producir sensación de inseguridad y de caos en la ciudad. Por otro lado, también desea sentirse poderoso, dueño de la vida y de la muerte. Sentirse valorado e importante. 

Apreciamos que la planificación es poco compleja lo que denota una inteligencia limitada por parte del perpetrador. El método y las posteriores notas y cartas del tarot muestran una evolución poco elaborada que camina hacia la búsqueda de reconocimiento y de satisfacción de su frustrado ego. Quiere hacerse presente y reconocido para elevar su poder y superioridad. Ya dice en sus cartas “Llámame Dios”. Por cierto, apreciamos también el uso del singular en la carta, por lo que no piensa en su cómplice sino el él mismo como protagonista de las escenas y del poder de matar. 

En cualquier caso definimos al sujeto como un hombre atormentado, insatisfecho y frustrado, que proyecta una vendetta a toda la sociedad por los daños y desengaños sufridos en su pasado, ya sean físicos, políticos, familiares  o religiosos.

En cambio, parece que Lee se convirtió en el vasallo incondicional de un perturbado. 

Éste sujeto responde más a un perfil de gran carencia afectiva que se topa con un personaje que lo acoge y le hace sentir atendido. Esa emoción, en personas con demasiadas necesidades emocionales descubiertas supone como ver agua en el desierto. Un espejismo demasiado tentador como para no caer en él. Presa de este calor, que nunca tuvo, parece que Lee acata cada orden como una misión indiscutible ya que ser aceptado por John, se convierte en la prioridad máxima ya que John parece la única persona que le ha hecho sentir alguien de valor en una vida tremendamente hostil y solitaria. 

Ángela Gual