¿Te toman por tont@ de buen@ que eres? Identifica tus errores.

psicóloga palma

 

Muchas personas que desean con todas sus fuerzas sentirse queridas por los demás, o simplemente disfrutan ayudando, pueden llegar a ser tan generosas y altruistas que finalmente acaban siendo sometidas al abuso de quienes carecen de tanta sensibilidad, o de quienes ven una oportunidad en dicha explotación.

 

Nunca habéis vivido una situación en la que os habéis dicho a vosotros mismos: “De tan bueno parezco tonto”? No me siento bien, me siento timado, se han aprovechado de mi.

 

Veamos cuales son los principales errores que cometemos:

 

-En primer lugar, muchas veces nos responsabilizamos de la tarea de los otros. Los vemos agobiados, menos capaces, más lentos o simplemente queremos ayudar y decidimos descargar a la otra persona de la función que le correspondía para tomarla nosotros. Cuando hacemos esto de forma tan liviana, muchas veces no nos lo agradecen con el ímpetu que merecemos. No están valorando nuestra intervención: Por un lado nos sentimos ofendidos por la falta de agradecimiento y por el otro, nos sentimos culpables por sentirnos ofendidos ya que nos ofrecimos nosotros y “no hay que esperar nada a cambio”, sobre todo si hemos brindado una ayuda que no se nos ha pedido.

Quizás justo en este punto es donde reside el problema.

Cuando ayudamos a alguien que no necesita de nuestra ayuda, estamos cometiendo un doble error. El primero es dispensar servicios que no necesitan ser cubiertos, por lo que la persona que los recibe, puede no vivirlos como una necesidad y por lo tanto, no valorar nuestra intervención como un acto  imprescindible o  útil.

Por otro lado, cuando ayudamos sin que se nos pida, más que ayudar, entorpecemos, ya que esa persona puede sentirse menos capaz de hacerlo por si misma, “le robamos su rol”. Digamos que si hacemos lo que es responsabilidad de otros, les estamos privando de dirigir su camino, de resolver por si mismos sus problemas. Cargar con las cosas de otros no es ayudar.

Es como cuando nuestros hijos nos piden que les ayudemos con los deberes y acabamos haciéndoselos nosotros. Somos más rápidos y eficientes, pero… ¿eso ayuda al niño? ¿aprende a desarrollarse y a enfrentar sus conflictos? ¿O más bien nos la ha jugado, deshaciéndose de las tareas y enroscándonoslas?. A veces de tan buenos, somos unos ingenuos.

 

Nosotros podemos dar nuestro apoyo, servir como guías, orientar y acompañar, pero no debemos hacer las cosas por los demás.  “Yo lo haré mejor y más rápido”, “si no lo hago yo se quedará sin hacer”… si vamos responsabilizándonos de todo nos quemaremos y empeoraremos los problemas de los demás.

 

 psicóloga palma

-Otro error muy común es poner la necesidades de los demás siempre antes que las nuestras. De esta manera parece que no somos dignos de ser valorados tanto como los demás. Si nosotros mismos nos colocamos en esa posición, no podemos esperar que los demás hagan algo diferente ya que ellos ven lo que yo transmito y si yo no me quiero los demás tampoco me verán “querible” o valioso. De igual manera si yo no me cuido, me desequilibro, y me quiebro por dentro. Mi autoconcepto y autoestima se ven afectados negativamente.  Si yo no estoy bien, tampoco puedo ayudar a los demás por lo que plantéate que si quieres ser generoso y bueno con los demás, primero has de estar equilibrado y fuerte por dentro. Si yo no valoro mis acciones y actitudes, no lo harán los demás y todo mi esfuerzo por ayudar caerá en saco roto.

 

 

-No saber poner límites o no poder decir NO cuando no queremos hacer algo, por no molestar o por no crear un conflicto es lo que nos llevará a sentirnos tontos y frustrados cuando cedamos ante alguna decisión que consideremos injusta o poco aceptable. Por lo tanto, si acabo haciendo cosas que no deseo hacer, en definitiva soy esclavo de los demás, o mejor dicho,  soy esclavo de mi necesidad de agradar y pongo precio a mi afecto. Estoy vendido.

 

¿Qué podemos hacer al respecto?

 

Dicen que buenas vallas hacen buenos vecinos.

 

Lo primero que debemos hacer es aprender a ver si realmente podemos ayudar o vamos a entorpecer más con nuestra aportación, haciendo a las personas dependientes, incapaces o aprovechadas.

 

La segunda cosa que debemos hacer es aprender a valorarnos y a querernos por encima de los demás. Solo si nosotros nos amamos podemos amar a los demás. Si ocurre a la inversa, y amamos más a los demás que a nosotros mismos, no tardaremos en caer en la trampa de sacrificarnos por otros, y muertos y vacíos, no serviremos de gran ayuda a nadie.

 

La asertividad es la capacidad de decir que NO sin molestar a los demás, o al menos, sin molestar excesivamente, ya que hay personas que ante una negativa siempre se van a molestar, al margen de lo correcta que haya sido tu evasiva. Eso se llama ser manipulador y lo hablaremos en otro momento.

Desarrollar la asertividad es clave para que los demás no se aprovechen de la buena intención de esas personas que necesitan de la aprobación externa y que desean ayudar por encima de todo. Hacer cosas que no aprobamos mina nuestro autoconcepto y nos convierte en algo que no somos y que no queremos ser, por lo que mantenernos fieles a nosotros mismos es una clave esencial para poder sentirnos bien y así poder ayudar a los demás.

 psicóloga palma

Ángela Gual.