La otra cara del síndrome postvacacional

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La vuelta al trabajo siempre es dura. Deja de dormir, de comer y de vegetar para incorporarte al mundo productivo: madrugones, presiones, prisas, productividad..  Me imagino intentando iniciar mi sesión del PC sin recordar la clave de acceso o tratando de llamar a mi extensión de enlace sin recordar el número… uff en blanco, adormecida, abatida, todo sucede a cámara lenta y la verdad es que no nos importa mucho… ¡Bienvenidos al curro!

El Síndrome, propiamente dicho, es un fracaso en el intento de adaptación de la incorporación laboral tras las vacaciones y es una situación que ocurre con muy poca frecuencia. Lo que si nos ocurre a casi todos es sentir una dificultad, la utilización de un esfuerzo extra para lograr óptimamente esa adaptación, que al final llega, aunque a veces nos cuesta un poquito más. Cursa desde una leve sensación de cansancio hasta una tenaz desgana o un decaimiento profundo. Falta de agilidad para realizar las tareas ya conocidas y sobre todo falta de motivación.

Sin embargo no todo el mundo responde igual a este cruel momento percibido por casi todos. Existe dos grandes clasificados ante esta situación. Por un lado, los que lo sufren, y por otro, los que lo disfrutan:

En el primer grupo, y entre otros,  están una gran parte de los padres, esas figuras entrañables que durante todo el verano, han tenido que vérselas para distraer,entretener y divertir ( aguantar) a sus niños de forma continuada, sin remisión ni descanso. Amamos más que a nadie a nuestros hijos pero eso no implica que no sean agotadores, como un géiser en erupción permanente.  24h al día desde mediados de junio, todo julio, agosto y parte de Septiembre. Claro, se acerca el momento de empezar el cole y estas pobres víctimas de su propia felicidad  sienten como cuando tienes ganas de orinar y hay un baño a 5 metros de ti, no ven el momento de empezar el trabajo curiosamente, para aliviar su carga de trabajo.

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Los niños por su parte, y especialmente a partir de la preadolescencia, también sufren su particular Sdme. Postvacacional ya que han estado “de farra” todo el verano, sin horarios ni rutinas, a lo loco, y ahora van a tener que meterse en vereda sin ningún consuelo. A esas edades ya pueden conectar socialmente con sus amigos de forma informal por lo que su parcela colectiva queda cubierta sin necesidad de aunarse en la escuela.

También y más ahora que nunca, está todo ese sector de personas desempleadas que morirían por tener el llamado síndrome postvacacional, pero que por la situación económica y social del país, no pueden acceder ni a un empleo, ni a unas vacaciones. Algunas de  estas personas, tienen la sintomatología de dicho síndrome  todo el año, por lo que para ellos, esta situación simplemente, no procede.

Finalmente, al otro lado de la clasificación, tenemos a las personas que han descansado en sus vacaciones, pero que desean incorporarse ya al trabajo, ya lo esperan. Disfrutan con ello, se sienten creativos, productivos, útiles y enriquecidos de una labor que les satisface y llena tanto a nivel laboral como personal.

También los niños pequeños que disfrutan mucho de las actividades de juego con otros niños,  y que se han visto limitados socialmente al iniciarse el periodo estival.

Prevención del Sdme:

Como ya sabemos, la realidad no es más que lo que hacemos con ella y por lo tanto, siempre se puede girar la tortilla para sentirse mejor con respecto a nuestra realidad. Disfrutar de nuestro trabajo, sentirnos partícipes, provechosos, eficaces y valiosos depende de nosotros y de cómo gestionemos nuestras emociones con respecto a las tareas encomendadas. Pararse a pensar en lo bien que ejecutamos nuestras funciones, en lo que implica nuestra actividad o en cómo ayudamos a que el siguiente eslabón pueda realizarse nos hará tener una visión más positiva de nuestra labor.

También ayuda tener buenas relaciones en el entorno laboral. Amistades en el trabajo, buen feeling con el jefe y con el equipo de trabajo también favorecerán una exitosa incorporación.

Planificar de forma gradual el final de las vacaciones, adaptar paulatinamente  los horarios de comidas y sueño, previos a la incorporación laboral también os evitará un impacto añadido a la dificultad de reiniciarse en el trabajo.

Muy importante es iniciar o mantener un espacio personal de ocio social o deportivo que nos llene, con el que disfrutemos y que nos sirva de válvula de drenaje del estrés y de los nervios generados en esta adaptación. Así pues, realizar actividades divertidas,  rodearse de tus seres queridos y participar en eventos sociales mejora la sensación de que “tu vida no es solo el trabajo” y de que vale la pena por partida doble.

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Si aún después de seguir todas estas indicaciones y de esperar un tiempo de adaptación prudencial, seguís sintiendo abatimiento extremo, malestar general y tristeza generalizada, acudid a un especialista que os ayudará a finalizar el proceso de adaptación, que en algunas ocasiones puede llegar a enquistarse.

Ángela Gual.