El Trastorno Negativista Desafiante en niños. ¿De que hablamos?

 

psicologa palma de mallorca

 

El Trastorno Negativista Desafiante, o más comúnmente llamado Trastorno de “Las Ansias de Libertad”, es un trastorno que suele aparecer rondando los 8 años de edad, y nunca después de la adolescencia. Muestra un patrón negativista, de desobediencia, rebeldía y actitud desafiante hacia las figuras de autoridad y hacia el grupo de iguales de mayor confianza, que transgrede más allá de la conducta de desarrollo normal de desapego del niño. Es decir, que no se trata de una pequeña racha de pataletas o de descubrimiento de límites, proceso por el cual pasan todos los niños en su maduración hacia la adultez sino que se trata de una transgresión mucho más acentuada y que se caracteriza por la falta de control del niño sobre sus actitudes y la ineficacia de las medidas generales de contención por parte de los padres y educadores.

 

 

El diagnóstico diferencial lo determina la desadaptación que produce esta hostilidad y este desafío continuo en los ámbitos familiares, escolares o sociales con un mínimo de duración de unos 6 meses, y por supuesto, no atribuible a otras causas circunstanciales que se puedan estar dando en el entorno del chico/a.

 

Estos niños se muestran irritables, desafiantes frente a adultos y menores, transgresores de las normas, con resentimiento y enojo hacia los demás que culpabilizan de sus propios errores, y muy dispuestos a generar conflicto gfratuito. El fracaso en la adaptación a la convivencia es la culminación de su expresión.

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Existe una importante correlación entre este síndrome y el TDAH (Trastorno por Déficid de Atención con Hiperactividad), por lo que los niños que sufren de TDAH tienen hasta un 30% de riesgos añadidos de sufrir también gran frustración por su mal manejo de las habilidades sociales que precipite en un Tr. Negativista Desafiante.

 

Estos niños, pueden tener un perfil de baja autoestima, labilidad emocional y poca tolerancia a la frustración, que les lleven a drenar sus inseguridades y miedos a través del uso de palabrotas y agresión verbal o física. Con el tiempo y sin el cuidado necesario, estos niños pueden llegar a mostrar conductas de evasión y desahogo materializando una ingesta temprana de alcohol, tabaco y drogas, y comportamientos antisociales o delictivos.

 

¿Cómo llegan a desarrollar este trastorno?

 

Como en la mayoría de los casos, existen factores predisponentes biológicos, psicológicos y sociales.

Según diversos estudios y como hemos comentado anteriormente, es habitual encontrarlo en niños con temperamento difícil o con TDAH, con dificultades para aprender a desarrollar habilidades autónomas. Otros autores refieren que los rasgos de este trastorno son actitudes, en parte, aprendidas que reflejan los efectos de las técnicas de refuerzo negativo utilizadas por los padres y otras personas en posición de autoridad (lo aprenden de nosotros). Al utilizar los refuerzos negativos se incrementa la frecuencia e intensidad de los comportamientos desafiantes en el niño, ya que logra la atención, el tiempo, la preocupación y la interacción deseados.

Se han descrito, además, circunstancias sociales que favorecen la aparición del trastorno, como la pobreza, la pertenencia a ambientes muy marginales, la falta de supervisión del comportamiento del menor, una actitud excesivamente dictatorial o demasiado permisiva por parte de los padres o el establecimiento de normas arbitrarias o sin sentido.

 

¿Qué podemos hacer los padres para evitar o reducir este comportamiento?

 

Llegados a cierto momento, precisará de una atención multidisciplinar. Es decir, de la ayuda de psicólogos, educadores y padres para una conjunción plenamente funcional.

Lo primero que necesitaremos será establecer un marco de confianza y comprensión para que el niño pueda sentirse seguro y verter sus frustraciones. También la familia necesitará guía, puesto que se sentirá desesperada, desanimada y culpable por la situación establecida y el círculo vicioso instaurado. Cuanto antes se inicie el tratamiento, mejor pronóstico y a menor plazo se conseguirán los objetivos marcados.

 

En cualquier caso, el tratamiento se basará, entre otras herramientas, en:

 

-Potenciar las habilidades sociales del niño y las estrategias en solución de problemas

-El entrenamiento de los padres en cuanto a tipos de refuerzos

-Establecimiento y mantenimiento de normas y límites, con sus consecuentes contingencias

-Trabajar la correcta vinculación afectiva entre padres e hijos

-Entrenamiento en técnicas para reconocer y manejar la ira y la ansiedad

-Establecimiento de unos buenos cimientos en cuanto a autoestima y autoconcepto

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Ángela Gual