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El duelo

El duelo se produce cuando perdemos algo o a alguien que queremos mucho. Se trata de un proceso en el cual experimentamos toda una serie de sentimientos y sensaciones estresantes y dolorosas que nos ayudan a ser conscientes de lo que ha ocurrido y así poder hacer frente a dicha pérdida.

El proceso de duelo es un curso que a pesar de ser duro, es muy habitual ya que la muerte forma parte de la vida, y la gran mayoría tenemos seres queridos que finalizan su proceso vital antes que nosotros mismos.

Pero que sea un proceso común no significa que no sea enormemente desagradable y cruel.

Cuando hablamos de la muerte de un ser querido estamos presenciando un proceso de separación irreversible, que aumenta más el dolor de la pérdida.

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Existen 5 fases por las cuales pasamos para superar el duelo:

Negación. Incredulidad que niega el suceso vital y que se resiste a aceptar la evidencia. “Me siento bien, esto no me puede estar pasando a mi…”

 

Ira. Sentimos una enorme injusticia, un fraude, casi un robo de nuestro ser querido, que nos hace reaccionar con furia y fiereza. ¿Por qué me ha tenido que pasar esto?

 

Negociación. La desesperación hace que tratemos de negociar por alargar un poquito más la vida de nuestro ser querido, vendiendo nuestra alma al diablo si es necesario. Pronto nos damos cuenta de que por más que queramos, no va a volver, y entramos en la fase de depresión.

 

Depresión. La tristeza nos embarga y no encontramos consuelo en ningún lado. Muchas veces, en este momento sentimos que la vida no merece ser vivida, que todo es un sin sentido y que no vale la pena luchar. La desidia y la amargura lo son todo.

 

Aceptación. Es la fase en la que tratamos de encajar ya por fin la pérdida. Vemos la realidad desde un prisma más objetivo y poco a poco, vamos encontrando de nuevo la paz. El dolor, poco a poco se va almacenando en la memoria para alejarse, muy gradualmente y gracias al tiempo.

¿QUÉ PUEDE HACER UNA PERSONA QUE SE ENFRENTA AL DUELO?

Cada persona tiene un as necesidades diferentes y especiales, por lo que escucharse a uno mismo e identificar lo que puede reconfortarnos será una clave para avanzar en el proceso.

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Antes de que alguien muera:

Si existe la posibilidad de saber de antemano que la muerte va a suceder, es conveniente prepararse. Hablar de todos los temas que te preocupen, en todos los ámbitos, tratar los temas de tareas que deberán hacerse en el futuro sin la persona querida, abordar los asuntos económicos o despedirse, suponen una gran ventaja a la hora de afrontar el duelo.

Inmediatamente después de la muerte:

Decidir si se quiere ver el cuerpo. No existen normas, ni buenas ni malas conductas, ya que dependerá de la persona y de las emociones que evoque en ella. Pero es bueno planteárselo seriamente ya que hay personas muy sensibles que si lo hacen, pueden impactarse negativamente pero también hay personas que si no lo hacen, pueden arrepentirse después cuando ya no se pueda volver atrás.

En los días, semanas y meses posteriores:

Es bueno evitar grandes cambios, grandes decisiones ya que no nos encontramos al 100% en nuestras facultades psíquicas y emocionales.

Comer y dormir lo mejor posible tienen que ser prioridades, ya que si le añadimos al malestar del duelo, la labilidad emocional que produce no dormir o no nutrirse adecuadamente, entorpecemos más un proceso de por si muy doloroso.

Mantener una buena red social que te acoja cuando quieras estar acompañado, y que te deje espacio cuando quieras estar solo.

Arreglar las posesiones, fotos, recuerdos de tu ser querido en el momento en que te sientas capaz de hacerlo. Pide ayuda o compañía para que te sea más llevadero y tómate tu tiempo para hacerlo. No hay prisa.

Habla de ello siempre que quieras y busca compartir tus sentimientos y emociones con las personas que te quieren y comprenden. Desahógate y drena todo lo que puedas tanto la rabia como la impotencia y la tristeza.

DUELO NO RESUELTO

 

Hay personas que no son capaces de afrontar la pérdida, de aceptar el suceso, y retienen sus emociones mostrándose, bien frías y sin sensación de pérdida o bien desoladas de forma permanente, sin evolución alguna.

Existen muchas causas de este atasco emocional. A veces, el tener que mantener un negocio, una familia o una imagen no nos permite pasar el duelo y sufrir en nuestras carnes todas sus fases, por lo que lo posponemos por demasiado tiempo hasta que queda enquistado. Se detecta este tipo de patología cuando la persona sufre profundamente cuando surge el tema o bien cuando aparecen depresiones relacionadas con el tema o cuando este parón emocional afecta a las actividades de la vida diaria de la persona. Si ocurre algo de esto, es el momento de ponerse en manos de un especialista que nos ayude a procesar todas esas emociones no resueltas.

¿CÓMO PUEDO AYUDAR A ALGUIEN EN DUELO?

Escúchalo. Pasa tiempo con él y dale espacio cuando te lo pida.

Permítele llorar y expresar sus sentimientos más oscuros. No te escandalices ni le digas que se anime. La mayoría de las veces, comentarios de ánimo les frustran más al ver que son incapaces de conseguirlo.

No tomes como algo personal sus cambios de humor y su irritabilidad. Te necesita ahora más que a nadie.

Si lo necesita, ayúdale con las cosas más prácticas del día a día. Hacer la compra, limpiar, cocinar… a veces nos quedamos tan postergados que un empujón nos viene muy bien.

Trata de que no esté solo en las fechas clave (cumpleaños, navidades…) y que se sienta arropado.

Ayúdale a participar en eventos sociales. Que se distraiga. Todo el tiempo que se entretenga no estará pensando en la muerte.

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