Bruxismo. La Agresividad no expresada, la Ira reprimida.

 

La mandíbula se compone de 2 huesos, el maxilar superior, fijo al cráneo , y el maxilar inferior, móvil.  Gracias a su juego podemos masticar, deglutir y articular las palabras con las que expresamos y creamos nuestra realidad.

 

Si este movimiento articular ha sufrido demasiada tensión durante la noche (mecanismo de defensa psíquico de liberación de la tensión diurna) y se encuentra inflamado por el fregoteo dentario, nos produce dolor, lo que nos dificulta el habla y curiosamente la expresión. Esta tensión, producto de la síntesis de nuestras horas de sueño, en donde nuestro cerebro trata de gestionar nuestros temores más oscuros.

 

Dicho estrés físico puede revelar lo que callamos en nuestras horas de conciencia, denota represión diurna de nuestro comportamiento que finalmente somatizamos en una incapacidad física para precisamente hablar y expresar nuestros sentimientos.

 

Si reprimimos la conducta o concentramos tanta ansiedad que la mandíbula llega a luxarse, entonces ésta se bloquea por completo y ya no podemos moverla. Esta situación puede esconder a nivel emocional un control excesivo de la persona, que acaba por producir el descontrol del cuerpo  y su consiguiente bloqueo. Cuando esto ocurre, mostramos sin saberlo una urgente necesidad de expresarnos. Revisar por lo tanto los miedos que nos hacen estar tan controlados y cautos es vital para poder seguir “digiriendo la vida”.

 

Al apretar los dientes, reprimimos la ira y la energía relacionada con una situación o idea que nos asusta, la cual no podemos afrontar y en lugar de drenarla y canalizarla, la acumulamos en forma de tensión de la musculatura mandibular.

Cuando, entre sueños, chirrían nuestros dientes, el espejo mostraría cómo la inseguridad se está apoderando de nuestras emociones, que el juicio trata de procesar a través del hemisferio derecho y del Ello.  También esta situación es reflejo de impotencia y sensación de incapacidad a la hora de afrontar determinados problemas.

 

Quizás me esté prohibido hablar o mi timidez o extrema corrección no me lo permitan, ahogándome así en mis propios temores no materializados. A lo mejor mi escasa autoestima me indica que lo que tengo que decir no le importa a nadie o peor aún, no va a gustar…

Todo ello puede reflejarse con esa rigidez mandibular o con los movimientos contráctiles nocturnos e inconscientes que acaban puliendo nuestros dientes.

 

Qué debo hacer si padezco bruxismo?

 

Paradójicamente, el bruxismo es un intento del cuerpo de liberar la tensión emocional acumulada durante el día por una mala adaptación al entorno y a las situaciones que nos enfrentan a la vida, es la represión de la ira diurna acumulada.

 

Llegados a este punto, es posible plantearse pedir ayuda profesional si no se ha logrado gestionar de forma autónoma esta situación.

Los objetivos primordiales serán:

 

-Hacerse conscientes de las propias emociones perturbadoras (no puedo corregir algo que no existe de la misma manera que no puedo ajustar las velas si no tengo una dirección que seguir).

-Aprender a drenar los tóxicos emocionales.

-Aprender a comunicar y a expresar nuestras emociones, especialmente las desagradables.

-Aprender a drenar la Ira y la agresividad contenida de forma controlada y eficaz.

-Trabajar para aumentar la estima personal y el autoconcepto.

 

 

 

 

 

Ángela Gual